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Por primera vez en más de tres años que tengo este llamado “blog personal” voy a escribir algo con la mínima cantidad metáforas y recursos de escritura que hagan a este post más “interesante”. Esta vez soy solo yo. Eso es lo que intento, sacarme cosas de la cabeza que ya van estorbando.

Han sido días difíciles, durmiendo la mitad de lo que dormía antes. Pero ese tiempo no estuvo vacío, tuve tiempo para estar en shock pero también tiempo para pensar.

Me siento uno de los más grandes hipócritas de todos los tiempos, siempre luché por la libertad y lo real en las personas. Siempre denuncié la falsedad en las personas y como la moda y la aceptación obligan a las personas a ser quienes no quieren ser; cuando al hacer eso me perdí en unas máscaras que no quería aceptar que las tenía clavadas en la cara.

Al intentar ser real y rebelde me estanqué en el papel y me convertí en un personaje forzado, sin sabor ni olor. Nunca dejé una puerta abierta a nadie, ni siquiera a las personas más cercanas. Al tratar de ser empático, comencé a repeler a las personas que si me veían como alguien autentico.

Siempre mostré una sonrisa con la excusa de que a nadie le debería importar una mierda cómo me siento, para no llamar la atención. La cantidad de sonrisas falsas que vendí son ridículas.

Me odiaba y no sabía por qué. Tal vez porque cada día que pasaba me sentía menos feliz y más pretencioso. Pretender para sobrevivir iba en contra de toda mi filosofía y era lo único que hacía.

Recuerdo cómo era yo unos años atrás y me veo feliz, sin sobre pensar las cosas, disfrutando de mi ignorancia y mis errores. La responsabilidad es algo que te distrae de lo que realmente importa y no tiene nada que ver con la madurez.

Por primera vez tengo ojeras por el insomnio, a pesar que el último lo tuve todos los días. Me miran raro pero prefieren no preguntar.

Contar chistes cada que me siento incómodo, para rellenar silencios, para hacer notar mi presencia. En el momento no lo noto pero después de analizar la situación me doy asco.

Solo quiero ser yo de nuevo, no sé ni a quién se lo pido ni por qué lo escribo. No quiero “intentar cosas” porque eso es caer en más de lo mismo.

Siento que estoy aprendiendo a caminar de nuevo y eso no es malo, pero tampoco lo siento como algo nuevo. Me siento un virgen en la vida. La ignorancia viene acompañanda de peligro, y alguien que no sabe nada no puede estar en más riesgo.

No fuí humilde lo suficiente, no amé lo suficiente, no me preocupé por mí lo suficiente. Me perdí en el contexto. No se si se entiende, creo que ni yo lo entiendo

Siento que todas las experiencias que tuve fueron de otra persona y no entiendo nada de lo que hago. Ni siquiera me dan ganas de hacer las cosas que supuestamente me apasionan.

Ni una canción en tres meses, ninguna escritura creativa, ni siquiera me quiero levantar de mi cama, no estoy cansado, simplemente no veo un por qué.

Y pensar no me hace bien. A eso me voy.

 

 

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