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El fin del proyecto cinematográfico más ambicioso (sin spoilers)

*Artículo originalmente publicado para la revista La Ramona del diario Opinión el día 28 de Abril de 2019. VER PUBLICACIÓN

El universo


Desde Godzilla vs King Kong hasta los monstruos clásicos de Universal Studios, el cine y la televisión han tenido acontecimientos en los que dos o más productos se fusionan en uno, ya sea para contar una historia más rica o simplemente para generar más dinero.

Estos “encuentros” no solían ser comunes y, en muchos casos, eran solo guiños de segundo plano para que los más atentos creen sus teorías. Pero cuando pasaban, se los tomaba como un regalo para una audiencia que quedaba complacida por simple que sea el encuentro.

Por esa misma razón, estos eventos eran conocidos por ser cosa de una sola vez. El Chavo del 8 con el Chapulín Colorado, Freddy Krueger con Jason Voorhees, o las caricaturas populares de Disney, Fox, MGM y Warner compartiendo pantalla en ¿Quién engañó a Roger Rabbit? (1988): no podíamos pedir más.

Sin embargo, llegó un sujeto con una idea ambiciosa. Un productor fanático de los cómics, llamado Kevin Feige, con el plan potenciar un universo que no sea cosa de una sola vez. Así que recicló a un personaje de Marvel cuyos derechos cinematográficos no habían sido vendidos aún, un personaje cuya popularidad era nula fuera de los cómics y, con la colaboración de Paramount Pictures, comenzó la producción de Iron Man (2008).

Después de considerar a actores de renombre como Tom Cruise para protagonizarla, se optó por uno que buscaba una nueva oportunidad para reconstruir su carrera como actor. Robert Downey Jr., quizás sin saber que pronto se convertiría en el actor mejor pagado de Hollywood, protagonizó la cinta. Pero Iron Man no era cualquier película de superhéroes.

Además de ser muy respetuosa a su contraparte de los cómics, contó con un secreto. Una escena escondida al acabar los créditos con un personaje interpretado por Samuel Jackson manifestando el proyecto Los Vengadores.

Con esa escena sumada a un cameo de Downey Jr. en la posterior cinta de El Increíble Hulk, comenzó el universo cinematográfico compartido más grande de la historia del cine. Disney compró Marvel Comics por 4.000 millones de dólares el año siguiente, y así el proyecto soñado de Feige se hizo realidad. El resto es historia.

Este universo no solo se expandió a cortometrajes, cómics, series de televisión y hasta a un microuniverso en la plataforma de Netflix; durante once años rompió récords de ventas de productos y estableció un estándar de lo que se espera en una película basada en superhéroes.

Ahora un filme que no tenga guiños ni referencias a un universo más grande, sin escenas después de créditos o sin indicios de una secuela, es muy fácil que pase desapercibido.
Mientras se experimentaba con grandes directores independientes como Taika Waititi, se llegó a los hermanos Russo, quienes rompieron los prejuicios de patriotismo exagerado que se tenían sobre el personaje del Capitán América, y crearon algunas de las mejores cintas de este universo. Hay algo con lo que no puedo estar más de acuerdo, no hay mejores nombres para contar la conclusión de esta gran historia.

La película


Avengers: Endgame está siendo vendida como un cierre, y eso es lo que es. Todo el camino orquestado en 11 años culmina en este punto.

Parte del éxito del filme fue su estrategia de marketing, ya que los pocos adelantos apenas soltaron indicios de lo que podría llegar a ser la trama. A pocos días del estreno, se soltaron clips que mostraban escenas cortas que mantenían el misterio, pero escenas que en la trama son menos que relevantes. Y créanme que sobró material de calidad para publicidad, pero aun así se optó por el secretismo.

Desde el título originalmente concebido como Infity War, parte 2, o saber cuándo se situaría cronológicamente la película, su duración y hasta su elenco, es información que no se sabía hasta hace poco. Para ser una de las películas comerciales más anticipadas de todos los tiempos, nadie sabía nada. Aunque tampoco nadie quería saber nada. Esto se debe a que su predecesora Avengers: Infinity War (2018) y su final abierto es de por sí suficiente publicidad para vender el producto.

En este punto el internet está colmado de comentarios y reacciones sobre los mejores giros de la película, de hecho, está ya está filtrada en internet, así que cuidad.

Comprendo que no hayas visto la película aún, la venta de entradas se convirtió en un caos y la atención mediática parece exagerada. Pero es que asistir al cine sin saber nada aumentó considerablemente el placer en la experiencia, y ahora que lo sé todo, no puedo esperar para volver a verla. No puedo estar más convencido de que la gente que no disfrute este filme en una pantalla grande nunca se lo perdonará.

Estamos hablando de un hito en la historia del cine moderno, comparable a Lord Of The Rings (2001), Avatar (2009) o el séptimo capítulo de Star Wars, por soltar algunos nombres. Y podrás o no estar de acuerdo, pero no hay forma de que después de verla consideres a esta como una película más del montón.

Esta no es solo una secuela de sus 21 películas predecesoras, también rinde tributo a cada una de ellas y de formas que nunca pudieras predecir. Es una conexión que la estuvieron cantando todos estos años, pero jamás creíste probable. Incluso las películas menos favoritas juegan un papel muy crucial. Sobra decir que tienes que verlas. No entiendo por qué comprarías un libro para leer sólo el último capítulo.

Es un espectáculo visual sobrecargado de momentos complacientes tanto para fans fieles de los cómics como espectadores casuales del cine, e incluso de las series de televisión. Hay detalles que, si parpadeas, te los pierdes.

Hay quienes no toleran el hecho de que la gente se emocione y empiece a gritar, reír, llorar y aplaudir en la sala, pero por primera vez yo vi algo mágico en ese fenómeno. El público en verdad se dejó llevar por lo que pasaba en pantalla, y todas las reacciones se sintieron sinceras y espontáneas.

Vamos, soy el primero en admitir que la película también tiene sus errores. En cuanto a coherencia y huecos argumentales, hay muchos detalles que hacen a uno incomodarse, especialmente con el factor “ciencia ficción”. Hay sucesos muy oportunos o ridículamente desafortunados. Hay personajes que no reciben la atención que merecen o cuyo desarrollo en pasadas películas es obviado; y aunque suene estúpido la película se hace corta, tres horas no son suficientes debido a que está sobrecargada y no da un solo respiro al espectador.

Aunque se cierra una trama planteada para 22 películas, hay muchas cosas que faltan ser explicadas y casi seguro tendrán respuesta pronto. Sin embargo, el espectáculo es tan grande y complaciente, que es fácil perdonar esos errores.

Si pudiera resumir Avengers: Endgame en tres palabras, las tres serían buenas: espectáculo, nostalgia y satisfacción. Un evento que sin dudas definirá al cine de esta década. Aún estás a tiempo de presenciarlo.

Estudiante – bocasalada.wordpress.com

Asesino serial y catador de música

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