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La primera vez que me buscó la policía.

Éste es uno de los recuerdos más antiguos que tengo, y al mismo tiempo es uno de los más sólidos y detallados nadando en mi cabeza. Un pequeño relato sobre la inocencia infantil.

Una tarde cualquiera del año 2001,  cuando aproximadamente tenía 5 años, estuve jugando a las escondidas con mi empleada, ya que solía ser demasiado inquieto. Resulta que se me ocurrió esconderme en el ropero de mis padres, ya que era uno de mis escondites preferidos, sólo que aquella vez en específico, me mezclé con la ropa y me metí mucho más al fondo.

Pasaron cerca de 10 minutos y aún no me encontraban; pasaron otros diez minutos, y sentí cómo la puerta del ropero se abrió, escuché como alguien pronunciaba mi nombre, sentí que una mano entraba hacia el ropero para comprobar que estuviera ahí, pero la logré esquivar. Finalmente la persona que me estaba buscando se rindió y cerró el ropero, dando por hecho que yo no estaba ahí.

Después de éso sólo recuerdo que estaba muy cómodo mezclado entre la ropa, y como cualquier niño hiperactivo de 5 años, decidí tomar una siesta.

No sé cuánto tiempo pasó exactamente después de eso, pero recuerdo que desperté por unos gritos chillones que exclamaban mi nombre.  Estoy seguro que me causó demasiada gracia, hasta solté una pequeña risa, pero el ropero ya me empezaba a incomodar así que decidí salir, con una sonrisa en mi rostro, ya que había ganado el juego.

A partir de ese momento todo se volvió confuso, ya que cuando salí de la habitación de mis padres y me dirigí al comedor de mi casa. Me encontré con mi madre, mis abuelas y mi empleada llorando y gritando desesperadamente, a un grupo de policías que se encontraban discutiendo con mi padre, quien se encontraba bastante agitado, y  si recuerdo bien a unos cuantos tíos que entraban y salían de la casa nerviosamente.

En el momento que me vieron, mi madre corrió hacia mí a  abrazarme, y después de un par de minutos cuando todos lograron calmarse, les conté mi paradero en las últimas horas, así es, resulta que pasaron horas.

Algunos familiares que me estuvieron buscando por las calles se lo tomaron con gracia y alivio, mi empleada se preocupó por su empleo, mi padre aún nervioso despachó a los policías, yo seguía sin comprender absolutamente nada y mi madre bastante furiosa me regañó y gritó de manera nerviosa y aún con lágrimas en sus ojos, quizás recibí un par de jaladas de oreja, para después ser obligado por ella a hacer mis tareas, ignorando que en kinder no se suele dar tareas muy seguido.

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Asesino serial y catador de música

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