Top 5 películas bolivianas de la década

5. Insurgentes | Jorge Sanjinés, 2012

En Insurgentes, sin acercase al debate político, el veterano director expone la identidad indígena del país como sólo él puede, lamenta su maltrato histórico y celebra sus victorias episódicas. Aunque está lejos de ser lo mejor de Sanjinés, su estilo tan particular sigue siendo la voz del cine boliviano.

4. Los viejos | Martín Boulocq, 2011

La manera en la que Boulocq representa el dolor de un legado con el personaje de Toño, el trauma y el resentimiento hacia las dictaduras que posee más de una generación, ya que fueron hijos y padres los que viven para contar esas historias, los detalles de una película muy visual, a la que no le hacen faltan demasiados diálogos para generar emociones y demostrarnos que el sufrimiento es una manera de matar a los demonios; razones de sobra para merecer un puesto en esta modesta lista.

3. Wiñay | Álvaro Olmos, 2018

Una muestra de que el cine boliviano puede llegar a ser hermoso sin tener que sumergirse en guiones complejos de sobra, ni en intentos fallidos de emular el estilo Hollywood. Con un ritmo lento, pero en ningún momento pesado.

Sólo con una fotografía precavida y estudiada, personajes inversamente equilibrados, el McGuffin de un destino utópicamente espiritual y el mensaje de que lo que importa al final es la experiencia como tal; Wiñay demuestra que menos es más, y quizás pasó desapercibida por su minimalismo, pero sin dudas se ganó mi aplauso.

2. El olor de tu ausencia | Eddy Vásquez, 2013

Como cochabambino y aficionado a la música punk, no podía dejar de hablar de este título. Una trama triple que explora lo que es tocar fondo después de una crisis de identidad. Aunque a ratos se siente muy melodramática, no puedo ocultar el grato momento que tuve con esta cinta tan autodestructiva y sumergida en la subcultura.

Mis dos grandes quejas hacia el cine boliviano son, en primer lugar el deseo de crear un producto trascendental que cambie el rumbo de la historia para siempre, y en segundo lugar, las excusas y limitantes que se ponen para ejecutar una buena idea o concepto. El olor de tu ausencia es irreverente y no necesita explicarse, por lo que lejos de quejarme, se ganó mi admiración.

1. Viejo Calavera | Kiro Russo, 2016

Creo que ninguna película de la última década sobrevivirá al paso del tiempo y quedará tan tallada en la historia como Viejo Calavera. Un largometraje que se acerca al lado más oscuro (literal y metafóricamente) de un pequeño colectivo minero en decadencia, y le da un nuevo significado a lo que es «dar un mal paso». Es muy difícil digerirla debido al impacto emocional que causa, pero en definitiva merece ser apreciada como una obra maestra, celebrada y presumida como el mejor producto de cine boliviano de la década.

Ópera prima destacada

El corral y el viento | Miguel Hilari, 2014

Tuve el honor de conocer a Miguel Hilari y de ser su estudiante en un cursillo de producción documental un par de años después del lanzamiento de su debut como director y productor.

 Aunque para el momento de la realización de «El corral y el viento» Hilari ya tenía mucha experiencia ganada para ser catalogado como principiante, su primer proyecto a la cabeza me enseñó desde lo técnico todo el poder que uno tiene y la magia que puede crear con una cámara en mano; y desde lo visual que en cualquier lugar en donde uno vaya y en todo momento, siempre hay una razón para hacer cine.

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