El premio que hizo justicia por una vez, en la noche de los Emmy

*Artículo originalmente publicado para la revista La Ramona del diario Opinión el día 24 de Septiembre de 2019. VER PUBLICACIÓN

— Todos son merecedores, pero solo podemos dar este premio a uno. Y el Emmy
por mejor dirección en una serie drama va para…

Los asistentes del evento mantienen la sonrisa, nunca saben cuándo la cámara les puede caer por accidente. Por su parte, los espectadores que ven el evento a través de una pantalla se mantienen fríos pues entre los nominados se encuentran David Benioff y D.B. Weiss, co-creadores y productores de la serie más cara y anticipada del año, Game of Thrones. Meses atrás había concluido con seis capítulos finales que llevaban casi dos años siendo producidos, seis capítulos de los cuales tres estaban nominados.

— ¡Jason Bateman!, Ozark.

La cámara apunta al rostro de un incrédulo actor que jamás había siquiera pensado en escribir un discurso. Después de mirar a su esposa sentada a su lado y soltar un pequeño “wow” se levanta a recibir su trofeo. Mientras tanto el público a su alrededor explota a gritos y aplausos. Luego el foco gira hacia su amigo Jimmy Kimmel, presentador de uno de los programas nocturnos más reconocidos a nivel nacional y famoso por constantemente ser maestro de ceremonia en premiaciones. Minutos atrás, en un segmento de premiación diferente, Kimmel había disparado una de las mejores bromas de la noche hacia Bateman. Jamás pensaría que en esa misma premiación le estaría ovacionando de pie.

La reacción de desconcierto de Bateman ya se convirtió en el meme de la noche. Pero la reacción del público es la que en realidad importa, una sorpresa que no es nada menos que gratificante.

Ya es un debate cerrado el del favoritismo por parte de las Academias de Artes y Ciencias Cinematográficas y de la Televisión incluso al momento previo a la selección de nominados. Cada año, el morbo de ver tales premiaciones no está en saber cuáles son los mejores proyectos, sino cuáles fueron ignorados y por qué motivos maquiavélicos. Entonces ¿cómo definimos cuál es la mejor serie?

Este fue un año definitivo para lo que pasará en el futuro de la televisión popular. Tanto Disney como HBO planean sacar nuevos servicios de streaming próximamente (Disney+ y HBO Max respectivamente), y también este año Netflix mostró sus primeros signos de debilidad, con la cancelación masiva de series con mucho culto y con respaldo de la crítica, como “Santa Clarita Diet”, “Tuca & Bertie”, “The OA”, o el universo Marvel/Netflix en su totalidad.

¿Y si eran tan buenas, por qué se murieron? No importa qué tan aclamada sea una serie, si no consigue los números (billetes) establecidos, sus días están contados. En algunos casos es evidente, y en otros es sorpresivo y hasta injusto como es el caso de “Swamp Thing”, cuando con sólo dos capítulos transmitidos y con una temporada completa por delante, fue cancelada por problemas ejecutivos.

Hago énfasis en la palabra “injusticia” ya que series que ya saltaron el tiburón de lo nefasto, porque venden, seguirán siendo renovadas eternamente, como es el caso de Los Simpsons y The Walking Dead.

Es aquí cuando llegamos a Game of Thrones (GOT), la superproducción de la década. La última temporada no dejó indiferente a nadie. Puede que te haya encantado el final y tienes un justo respaldo después de todo el espectáculo visual, los años de espera, y el final de la historia tan complaciente para los adorados personajes protagonistas. Esta serie no saltó el tiburón de lo nefasto, pero no podemos decir que terminó bien.

Después de tantos años de trabajo, si comparamos la calidad de los guiones y la dirección con sus temporadas previas, es evidente el agotamiento y la falta de ideas, tomando muchos recursos sin sentido por debajo de la manga y dando respuestas simples a cuestionamientos complejos. La última temporada de GOT fue un golpe bajo que decepcionó a sus más fieles seguidores, y no sólo a los críticos como los medios quieren hacer creer.

Ni su escritor más sobresaliente, Miguel Sapochnik, quien escribió los que son con mucho contraste los mejores capítulos de la serie, pudo saciar las altas expectativas que se tenían.

Sin embargo GOT hizo historia en números. Los récords de audiencia, inversión y recaudación concluyen en lo que en verdad es importante. Vendió, vende y seguirá vendiendo. El guion nunca fue tan flojo, la dirección fue caótica, pero vendió, y por eso merece tres nominaciones.

Así llegamos a Jason Bateman, un nuevo héroe de culto, el underdog perfecto (menos favorito).

Años atrás Bateman sólo era un rostro familiar por su participación recurrente en la comedia, pero el 2017 había comenzado un nuevo proyecto, siguiendo las características de Breaking Bad, Ozark era un drama familiar sobre lavado de dinero, con una trama por demás oscura.

Su serie fue renovada para una próxima temporada en la plataforma de Netflix, al mismo tiempo que muchas similares a ella en competencia eran forzosamente terminadas. Además de protagonizarla, escribió y dirigió sus primeros capítulos y los últimos de su más reciente temporada. Uno de esos capítulos se había colado a las nominaciones.

Los más atentos, no olvidan que Bateman también había sido el rostro protagonista de una serie de comedia que había sido cancelada a pesar de su maravillosa recepción, y luego traída a la vida otra vez para ser cancelada, dos veces más (Arrested Development).

Las preguntas difíciles en realidad son: Si un producto es tan bueno ¿por qué no vende?, o ¿por qué un producto vende tanto si no es nada bueno? El pensamiento en masa siempre es impredecible y esta respuesta depende en qué tan conectadas estén las exigencias de una audiencia con las exigencias de una productora. Cuestión de suerte, quizás.

Quién se creen los críticos para definir qué es bueno o qué es malo. Los verdaderos jueces no son los que publican reseñas y regalan estrellitas por Internet, los verdaderos jueces son los espectadores que siguen a diario las noticias sobre los rodajes, compran la mercancía, y obligan a sus amigos y familiares a ver las series.

Sonó fuerte la solicitud para la filmación de un nuevo final para GOT. Muchos se rieron por lo ridículo que sonaba, y cuestionaban la cantidad de neuronas de los firmantes. Lo que no saben es que la solicitud estaba iniciada por la comunidad en línea más enfermamente fanática de la serie, y ellos estaban seguros desde un principio que sin importar la cantidad de firmas, jamás se filmaría otro final. Pero esa solicitud era la manera más sincera de expresar su disconformidad con el resultado, y su objetivo no era más que ser escuchados.

Es por eso que, aunque sólo por una noche, es más, por unos minutos, Jason Bateman se convirtió en un símbolo para las grandiosas series canceladas a las que no se les dio una oportunidad de brillar, y aún más para las series que luchan ferozmente por encontrar una plataforma y mantenerse vivas en este proceso de transición a los requerimientos del globalizado mundo del streaming.

Antes de finalizar es importante destacar que Ozark, con Julia Garner, se robó también el Emmy a la mejor actriz de reparto en serie drama, dejando atrás a cuatro actrices de GOT. Al final el drama medieval de fantasía se llevó el premio de mejor drama, pero que se sintió más como un premio consuelo de despedida, aunque eso no dejó con mal sabor de boca a nadie, ya que aunque sea por un instante, se había hecho justicia.

Estudiante egresado en Comunicación /labocasalada@gmail.com

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