Primer amor

Podría decir que fue desde la primera vez que la vi, pero esta historia es un poco más cruda. Fue una vez que salimos a comer con un grupo grande de amigos. Ella se robaba una y otra vez mis papas fritas replicando que no tenía hambre. Era un crimen imperdonable, pero al mismo tiempo me moría de la ternura.

Desde ese momento me convertí en su esclavo, cargaba su mochila, hacía los favores más ridículos, y fallaba a mis amigos sólo por estar cinco minutos más con ella. Era una vergüenza de persona. Pero era como todo amor platónico, supongo.

Luego de unos tragos después de una fiesta le dije todo lo que sentía, que podíamos conquistar el mundo juntos, y después de un largo beso ella me negó. Sin decir nada, volví furioso y borracho a casa, la noche más larga de mi vida. Solo recuerdo que desperté con heridas en mis nudillos, seguro por golpear la pared.  Como todo corazón roto, supongo.

La sorpresa me la llevé el día siguiente cuando fue ella quien llegó a mi casa para decirme que estaba tan o más perdida en el amor que yo. Que sí quería estar conmigo. Podría hacerme al orgulloso y decir que le cerré la puerta en la cara, pero la verdad es que ese segundo ya estaba llorando como bebé y besándola como en las telenovelas. Ese beso fue más delicado que las hojas de otoño, más húmedo que las lágrimas que derramé por la noche, más sincero que un desahuciado en su lecho de muerte. En fin, como todos los besos, supongo.

Desde entonces, la veía todo el tiempo, nos la pasábamos en conciertos, en parques, faltando al colegio y negando a nuestros amigos. Ella creía en demonios, y yo le hacía ver películas de terror solo para que me abrace con todas sus fuerzas. Todo el día, todos los días. Éramos tan unidos que dejamos de dar náuseas a la gente, para dar pena. La gente nos odiaba porque no entendían cómo podíamos pasar tanto tiempo juntos sin hacer nada interesante. A veces apagamos nuestros celulares para que nuestros padres piensen que escapamos juntos, y a veces lo considerábamos tan seriamente que daba miedo. Éramos como todas las parejas, supongo.

Pero mientras mejor sea el comienzo de una historia, peor es el final.  Duramos como diez meses y sin lugar a dudas es la relación más larga que jamás tuve y tendré. No me gusta pensar en cómo acabó, sólo acabó.

Ya pasaron casi mil años y por más que ahora podríamos cruzarnos por la calle sin dirigirnos la mirada, nunca olvidaré los momentos. Eso suena tan cliché, mejor diré que antes de esa relación yo era un chico diferente. Puede que ahora esté mejor o peor, pero no soy el mismo.

Quizás ella significa más para mí ahora, que en ese entonces. Me hizo llorar y gritar, pelear con mis padres y con mis amigos, me hizo sentir miserable, y al mismo tiempo el chico más afortunado del mundo, me hizo pensar en escapar con ella, me hizo creer en cosas sobrenaturales. En fin me hizo tocar fondo, perder la razón y coherencia.

Pero era como todas las chicas, supongo.

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